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Una madre y su hijo protagonizan la demanda de divorcio más cara del Reino Unido

Al dejar atrás un año de peste y soledad y esperamos una era de renovación y unidad, los lectores podrían anhelar historias inspiradoras sobre familia, amor y comunidad.

Si eres una de esas personas, este es mi consejo: lee otra cosa.

Porque en la historia de Temur Akhmedov, de 27 años, y el divorcio de sus padres, el multimillonario ruso Farkhad Akhmedov y Tatiana Akhmedova, solo hay malicia y exorbitantes honorarios legales. Es una historia para sentirse terrible en una era para sentirse terrible, el triste espectáculo —emitido en vivo por video en continuo en diciembre desde la División de lo Familiar del Tribunal Superior de Londres— de una madre testificando en contra de su hijo, y viceversa, en la demanda que ella presentó en su contra por casi 100 millones de dólares en efectivo y activos.

Este es tan solo una parte del esfuerzo que está realizando Tatiana Akhmedova por reclamar una fracción de los 615 millones de dólares que le fueron otorgados en un acuerdo de divorcio, considerado el más grande en la historia del Reino Unido, después de un juicio de 2016. Su exmarido se ha rehusado a dar un solo rublo y ha mantenido su dinero, y a sí mismo, muy lejos del Reino Unido y del alcance de sus tribunales.

Por lo tanto, Tatiana Akhmedova y sus abogados probaron con una nueva estrategia. Temur Akhmedov, el mayor de los dos hijos de la pareja, es residente británico, así que sus tenencias son perfectamente embargables. Además, para un tipo que todavía no cumple 30 años, tiene bastante que embargar. Su padre “colmó a Temur con cantidades inimaginables de dinero”, según las palabras del propio abogado de Tatiana Akhmedova en un expediente judicial.

Esto incluye un apartamento de tres recámaras al lado de Hyde Park valuado en unos 40 millones de dólares, que le compraron cuando seguía cursando la carrera universitaria. También es el “dueño registrado” de un vehículo utilitario deportivo Rolls-Royce de 460.000 dólares, autos Mercedes-Benz y más.

Tatiana Akhmedova lo demandó no solo por el origen de este botín. La teoría detrás de la demanda es que su hijo fue fundamental para que su padre trasladara millones de dólares a fideicomisos y paraísos fiscales de todo el mundo, con el objetivo específico de frustrar los esfuerzos de su madre para obtener el convenio.

Para Temur Akhmedov, esta idea es irrisoria.

“Sí, le dije a mi padre qué hacer; fui el cerebro detrás de todo”, dijo con sarcasmo en una entrevista que se realizó por Zoom el 4 de diciembre, antes de que comenzara su testimonio en el caso. “No, no es verdad”.

Akhmedov se encontraba en el departamento de su hermano en One Hyde Park, un edificio moderno y opulento en la sección de Knightsbridge de la ciudad. Parecía listo para la batalla y sonaba agraviado. Resulta que una demanda de parte de tu madre te puede poner de mal humor. Navegaba en un mar de molestias, entre ellas una orden de congelación que le impide mover o vender cualquier activo y un límite de gastos de 4000 dólares a la semana. La cifra es menor a lo que parece, dijo, dadas las circunstancias.

“Todo es relativo. No es como que yo me quedo con todo y me lo puedo gastar en golosinas. Tengo que cuidar a mi hija. Tengo que cuidar de su madre. Tengo que cuidar mi departamento y la casa en Francia que tengo con mi hermano”.

Londres ha sido conocido como el “Moscú del Támesis” durante décadas, el lugar donde los rusos acaudalados y preocupados por su seguridad instalan a sus familias y al menos una parte de su fortuna, luego de hacer mucho dinero después del desmembramiento de la Unión Soviética. Los hijos e hijas de estos billonarios ahora han crecido y Temur forma parte de una generación conocida por conducir autos ostentosos y pagar cuentas elevadas en restaurantes elegantes en Knightsbridge y Mayfair.

Para el Reino Unido, la inyección de capital ruso —y el capital de los megaricos en otros sitios del mundo— tiene ventajas. Los precios de bienes raíces y las arcas fiscales aumentaron y surgió una minindustria de contadores, abogados y consejeros, todos dedicados a ayudar a estos recién llegados a sortear los códigos tributarios y a comprar cosas caras, como equipos de fútbol.

Esta relación mutuamente beneficiosa ha tenido sus contratiempos y el divorcio de Akhmedov es uno de ellos. Farkhad Akhmedov, originario de Azerbaiyán, había ganado un estimado de 1400 millones de dólares por medio de una empresa energética de Siberia, Northgas, y desde hacía tiempo parecía decidido a disfrutar de su fortuna.

Además de mansiones, un jet privado, helicópteros y obras maestras de artistas como Mark Rothko y Andy Warhol, adquirió un yate de 500 millones de dólares, el Luna, de su colega oligarca Román Abramóvich. Es un lujo flotante de 115 metros, con nueve cubiertas, espacio para 18 invitados, una tripulación de 50 personas y —por si las dudas— un sistema de detección de misiles y puertas a prueba de bombas.

El divorcio llegó tras las acusaciones de infidelidad tanto del marido como de la esposa, pero Farkhad Akhmedov se negó siquiera a enviar un abogado al proceso judicial de 2016, bajo el argumento de que la pareja ya se había divorciado. Un tribunal en Moscú disolvió el matrimonio en 2000, señaló.

El juez Charles Haddon-Cave, quien presidió el juicio, quedó poco impresionado. Describió de “falsos” los documentos que respaldaban el divorcio en Moscú. Cuando Tatiana Akhmedova no pudo cobrar más que una fina tajada de su indemnización histórica, el juez le ordenó a su exmarido que le entregara el yate. Él se negó.

Para ese momento, Tatiana Akhmedova había contratado a Burford Capital, una empresa que litiga fondos y cotiza en la bolsa, la cual ha cubierto millones de dólares en honorarios para los abogados de Akhmedova, a quien le han dado millones más para gastos de manutención. Supuestamente, la empresa cobrará un 30 por ciento de lo recuperado, más gastos legales.

Sin embargo, la infusión de dinero de Burford no pudo torcer la mano de Farkhad Akhmedov para soltar el control del Luna. Se quedó dos años en un puerto de Dubái, bajo arresto mientras los combatientes se enfrentaban en el sistema judicial de Dubái. Luego un tribunal de allá citó la sharía cuando decidió que el reclamo de Tatiana Akhmedova no era ejecutable en Dubái.

Farkhad Akhmedov, su segunda esposa, sus hijos y otros parientes pasaron tiempo a bordo del yate este invierno.

La decisión le dio un nuevo sentido al caso en contra de Temur Akhmedov. En la corte, fue descrito como el “teniente” de su padre pero, según él, era más un secretario que un segundo al mando. Cuando vivió y viajó con su padre, escribía mensajes dictados, los cuales enviaba al equipo de asesores, banqueros y abogados de Farkhad Akhmedov. A menudo, eran instrucciones, firmes y vulgares, en las que describía cómo evadir a Tatiana Akhmedova y a quienes la financian.

Uno de los textos de Temur Akhmedov, leído en voz alta durante el interrogatorio, destacó por ser especialmente vituperioso, por no decir anatómicamente imposible.

“Si el problema de Tatiana no existiera, ¡¡mi padre no habría movido sus activos a ningún lado…!! Él quiere MUDARSE DE SUIZA… CORTARLE LAS PELOTA[S]… DIVORCIARSE… ACUERDO POSNUPCIAL… y ser un HOMBRE LIBRE”, escribió.

“¿No debería ser ‘pelotas’ con ‘s’ final?”, preguntó Alan Gourgey, uno de los abogados de Tatiana Akhmedova.

“Sí”, respondió Temur Akhmedov.

Temur Akhmedov sostuvo que muchos de esos textos no tenían nada que ver con proteger el dinero y los activos para que no los tuviera su madre, aunque pareciera lo contrario. En estos mensajes, había uno sobre un plan para transferir al Luna unos 100 millones de dólares en obras de arte de la colección de Farkhad Akhmedov desde una instalación de almacenamiento en Liechtenstein. Temur Akhmedov testificó que el objetivo de mover las obras era para que su padre pudiera apreciarlas fácilmente.

“Entonces, ¿quería que se transfirieran al Luna más de 100 millones de dólares en pinturas tan solo para poder verlas?”, cuestionó Gourgey. “¿De verdad esa es su respuesta, señor Akhmedov?”.

“No quiero sonar presuntuoso ni nada por el estilo, pero 100 millones de dólares en pinturas en un bote de 500 millones de dólares en verdad no es una locura. Es agradable ver las pinturas”.

Muchas de las cifras que surgieron durante el juicio parecían tener uno o dos ceros de más agregados por error. Cuando Temur Akhmedov dijo que su firma de relaciones públicas le estaba costando hasta 55.000 dólares al mes, una impávida Gwynneth Knowles —la jueza que se encargó de este tumulto con una voz que apenas superaba el volumen de un suspiro, como si se hubiera llevado a cabo en una biblioteca— lució sorprendida.

“¿Al mes?”, susurró Knowles.

“Sí, milady”, respondió. “Es una cifra exorbitante, pero nada comparado con los honorarios del otro equipo”.

Akhmedova testificó primero, y su tono era más de dolor que de enemistad. Había ayudado a su hijo a decorar ese apartamento de lujo que le había regalado su padre. Pero en algún momento comenzó a creer que Temur era parte de un esfuerzo por frustrar su intento de llegar a un acuerdo de divorcio.

“Me quedó claro”, dijo en el banquillo, “que Temur tuvo un papel activo al tomar partido y ponerse del lado de mi ex en cuanto al divorcio y a esconder los activos y muchas otras cosas”. Cuando por fin decidió sacudir a la corte, la aparición de Temur en el banquillo fue bastante más gris. El día de inicio, el 2 de diciembre, estaba en Moscú y dijo ante la corte, por videollamada, que le habían indicado que los abogados de su madre podrían intentar conseguir una orden de restricción que lo dejaría sin pasaporte.

“Me estresé, me asusté”, le dijo a la jueza. Agregó que equipos de vigilancia lo acosaban y que había estado bebiendo bastante.

Cuando la jueza le aseguró que no corría riesgo legal al volar a Londres, Temur pasó dos días en el banquillo, escatimó el dolor y se centró en la enemistad. Denunció que su madre era oportunista y avariciosa. Pidió el divorcio, dijo, justo después que su ahora exmarido había vendido Northgas. Dijo que había rechazado un acuerdo fuera de tribunales por 100 millones de dólares que su padre le había ofrecido, una suma que el joven Akhmedov consideraba excepcionalmente generosa dados los antecedentes de infidelidad de su madre.

“Si estuviera viviendo en la calle, está bien, haría lo que sea por mi madre”, dijo durante nuestra entrevista. “Vendería lo que fuera y se lo daría. Pero buscar esta pelea cuando se le ha ofrecido un buen dinero a sabiendas de que ha engañado a mi padre, varias veces, en nuestra casa y en la cama donde dormía con mi papá. Vamos”.

Temur no dijo tanto sobre su padre, quien supuestamente podría haber librado a su hijo del litigio si hubiese acatado la ley del Reino Unido y pagado a su esposa lo que la corte le ordenó hace cuatro años.

Akhmedov padre no quiso comentar para este artículo. Un vocero dijo por correo electrónico que Akhmedov estaba decidido a no pagarle nada a su exesposa, sobre todo ahora, que una tercera parte la recibiría Burford Capital.

Se espera que haya una decisión para el caso a finales de enero. Sin importar qué encuentre Knowles, esto mantendrá luchando a los abogados por todo el mundo. Ya hay procesos legales en Liechtenstein, donde está el arte que posee Farkhad Akhmedov, y en las Islas Marshall, donde está registrado el Luna.

Tatiana Akhmedova suena optimista respecto de su suerte o simplemente podría ser que esa sea su disposición natural. Tan solo un optimista por naturaleza podría haber dicho esto sobre su hijo en un testimonio jurado: “Lo único que me queda esperar es que estos procesos lo hagan reflexionar sobre la honestidad de su conducta”, escribió.

David Segal es reportero de la sección de Negocios con sede en Londres. @DSegalNYTimes


Source: THE NEW YORK TIMES

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